Blues entre la Niebla

Blues entre la Niebla
Alfonso Xen Rabanal por Ángel Córdoba

sábado, 28 de enero de 2017

Manuel Jular Santamarta






https://issuu.com/jular/docs/rambo1

https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Jular




Seguirás desentrañando otras realidades, capa tras capa, allí donde estés... aquí, el último velo no ha de oscurecer tu legado, maestro

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viernes, 20 de enero de 2017

Vados de paso oculto en el CCAN/ Felipe Zapico Alonso


Gsús Bonilla ha leído ya Vados de paso oculto...y dice esto:
Hostia puta: bueyes desbocados en Portugalete, escapando del olentzero y de Melchor, además, una niña de San Idelfonso canta la lotería con desgana indie... buah chaval, ya os digo yo, que es el libro más orsini de todos los que ha publicado Zapico: redondo en la estructura, explosivo en el contenido e impactante en el decir (digo, el ‘decir’, como ahora se dice en el argot contemporáneo de la poesía y que tan bien queda en las contraportadas de los libros de los poetas engolados, pero en este no, porque te lo puedes descargar gratis, bueno, y comprarlo también, porque se vende, sí, el decir: palabras espoleta contra lectores imperiales). Además, te cagas la patita hacia abajo, si Mareva Mayo, a la que muy pocos conocen pero algunos sí, que es de lo mejor, y de lo mejor de lo superior, que hay ahora mismo en la poesía contemporánea, dice de él, que se alegra perros y mares que su tinta siga levantando resistencia y canción.
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Tres que tienen la palabra, que buscan en las cumbres los neveros, y allí beben de la fuente de la palabra... tres que son imprescindibles en esta Niebla
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jueves, 5 de enero de 2017

_50

Me he regalado una correa anti ronquidos, je, je... Y me río porque caigo en lo que critico, es decir: por no llorar, pues es una disonancia en toda regla. Y se somatiza en dolor de cuello al despertar y el vago recuerdo de pesadillas insondables,
como el bozal que censura,
se auto censura con otro gadget.

El aparato en sí tiene mucha similitud con ese pañuelo que se anudaba en la coronilla
y sujetaba la mandíbula en los tebeos que leía de crío:
cataplasmas para dolores de muela.

En este caso, busco evitar
dolores de cabeza de los pocos
que me aguantan.

Pero me río
de mí mismo.

Lo que prima es el silencio. Pero no ese silencio creador, buscado y ansiado, en el que vivo...

Se lleva el silencio
que embalsa al río
y lo mata.
Todo el cieno se acumula en la presa...
en este caso mi boca.

Demasiadas veces
me dejo ir...
es como un suicidio
en el que poco a poco todos caemos
y acabamos cerrando la puta boca
y extendemos la mano
a ver qué cae

y no

así me pillan

el virus se adapta a todos y cada uno de nosotros
siempre está latente
Dios, qué puto aburrimiento es la espera del fin a al que nos hemos abocado...
procastrados, propasivos, proactivos procastinados propers... demasiados pros a nuestra contra

supongo que todos pasamos por lo mismo: asco, furia... supongo que la gran mayoría mira hacia otra parte, pero es imposible... supongo que despotricas, no entiendes a los borregos, no te entiendes... lo mismo dicen de ti, fijo... todos seguimos un proceso... la cuestión es darse cuenta y no hacer nada... ese es el problema... tanta indignación por todo, por cada cosa en particular, la división de la indignación en microindignaciones que nos comen el potencial de indignación, tanta indignación colapsa, te bombardean para que te indignes con una cosa, luego otra, hasta que caes rendido sin fuerzas, dócil, has agotado tu cupo de indignación en temas que no son triviales, pero que son parte de la verdadera indignación, la que te cuelan entre otras y tu indignación pasa sobre ella como un relámpago y yatá, somos a los intelectuales lo que los eyaculadores precoces a una buena vida sexual... acabamos frustrados... como ya no existen los macrorrelatos, nuestra indignación se parcela, y así se agosta y deviene en el mero acto de un click y luego otro, un twwet, seguimos piando cuando deberíamos morder, pocos pájaros carpinteros se concentran en un solo tema y hacen algo...
 
mientras tanto, nos damos de hostias minimalistas, como quien no se atreve a entrar a quemar el palacio que los esclaviza, y se mata discutiendo por el decorado del foso al que cae, irreversiblemente, mientras desde el balcón se descojona el de siempre...
bueno, eso de acercarse al palacio con las puertas abiertas por falta de mantenimiento es una metáfora... los fosos de hoy son los foros...

Pues nada... que felices reyes... Yo, a lo mío:

Venga, monstruo, estoy atrapado en tu red... acércate confiado a comerme... guardo un zarpazo para ti, preservo mi boca, moriremos los dos cuando se desborde con las pestilentes palabras que apantano en ella
pues los dos somos uno:
yo
yo

y ambos roncamos
de cojones
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(otro gadget a la basura)

miércoles, 4 de enero de 2017

morgue_49

once años y el dolor sigue
siendo la excusa el nervio
del perpetuo movimiento
sin cambio

once años incertidumbres
miedos tropiezos
piedra embreada
cadenas del fruto podrido
en mis tobillos

once años desatados
el dolor errante
no huye pues ya no existe
un reencuentro

me desgajo, sí, por carreteras
secundarias siempre
vueltas de un revés
que no me regresa
a tu aire

once años y sigo
odiando los pasillos rectos
los reflejos de los neones
en baldosas sin juego
la obligación cabizbaja
las sábanas sin esperma 
el chirrido de los ejes
si tú ya no conduces
las camillas que recorren
los pasillos rectos 
que sigo odiando 
las sombras que se crecen  
ante esa puerta
donde te di la espalda
y te abandoné

... 


 
 

martes, 3 de enero de 2017

Canto_48

me apetece cantarte, príncipe del claro oscuro
con tu voz susurro en el último cruce,
con tu baile de trazos lentos, como hombre blanco que restriega las suelas de sus zapatos sobre la cruz de los tiempos,
como hombre blanco que intenta borrar la frontera, la última, la que hace virtual un camino,
ya sin ritmos internos

me apetece cantarte, príncipe de los susurros, profeta que sentencia el hasta aquí hemos llegado o esto es todo, amigos, cuando el telos es una toalla que cae sobre el ring en donde todos tropezamos, y solo queda el amargo viento que cruza el umbral de la cuenta atrás
...
me apetece cantar al que cantó a medias siempre, conocedor de que la risa de los vientos rompe las palabras y las dispersa
sin semilla
me apetece cantar al que murió como cantó: dejándose caer hacia lo innombrable, fluyendo en sueños hacia el abismo...
allí donde lo errante se arraiga
...
y te canto con un duelo improvisado, los finales se abrazan a los principios, pues soy uno de esos poetuchos que te glosan en respuesta a la llamada de tu canto, uno de los que ya saben que somos los fetos abortados del monstruo que todo lo fragmentó,
y hemos dejado atrás a la rueda de los tiempos quieta en la frente del Manson (hijo del hombre),
a la voz del viento que se desató entre nosotros, los restos,
los que avanzamos en el intervalo del ruido que sigue después de tu canción, que no se afina y que todavía no consigue ser
silencio...
todavía no
...
Es lo que queda después del sacrificio,
lo único que nos queda:
ser como cisnes negros que vacilan buscando alas confundidas entre los restos de las sombras, recién salidos de un naufragio de sangre
...
Y te canto escuchando ese aleluya
en donde se infiltra
la nota del diablo,
y
se cierra la frontera del intervalo maldito
de una época que llamó
a lo último de la carnalidad del ego,

donde luces de neones
disimulaban las grietas
de las palabras rotas,
vacías,
que caen del esfínter abierto
como notas digeridas
que no abonan el campo inculto
del pop transgénico
...
Sí, hoy me apetece cantarte, sacerdote de la dualidad, pues hiciste bonita la caída y tu canto acompañó la derrota escrita de los que se quedaron
en los cruces de sí mismos,
encerrados en su habitación de pieles decoradas con símbolos vacíos:
solo hombres blancos que no saben bailar
y tropiezan con las líneas blancas, que aspiran borrar, con sus suelas sin agujeros...
líneas que cruzamos sin entender
los susurros de un alma invertida en el espejo roto
donde nada tiene medida
ni orden en la última deconstrucción
Te vi inclinarte con serena sorna ante los que todavía no entienden cómo los versos escaparon de la fosa, y guardarte el sobre y decirles que una esencia innombrable te enseñó los seis acordes...
y al repetirlos tres veces aprendiste que el Duende muere cuando se intenta clonar y presentiste lo inevitable:
tu muerte fue la última caída
de un ángel...
el final, medido,
de un tiempo
...
Pero qué más da,
no importa...
ya no...
queda registro
de tus cantos:
la banda sonora,
ambigüa,
que no entenderán
los que siendo el vidrio roto, ya pagan
con su sangre quieta
el infierno de las orgías que no han vivido
...
Amanece y tu voz se apaga, aún más oscura, sí, cuando ya todo es pos... todo está roto,
todo profanado
por las sombras proyectadas de los que nunca fueron en estos tiempos,
errantes dentro del círculo
que no les protegió de sí mismos...
solo lágrimas negras, sin alma,
afluentes de los ríos oscuros
de esa babilonia erradicada
a la que cantaste desde el silencio del que ya solo observa el hueco,
ourobórico,
de la torpe danza de un occidental sobre sus últimas cenizas
...
Ya nada tenemos dentro para simular que tocamos un Blues...
nada para pactar,
ya estamos fuera de un juego que nunca fue nuestro,
donde nos dejamos robar el único triunfo, el Amor...
Serán otras lágrimas, nacidas del fuego que todo lo purifica, las que renueven los sellos rotos,
ya inservibles,
las que te lloren de rojo lacre

ardiendo
Y sí, tenías razón: sonaba como la Verdad...
pero la verdad de hoy es que no existe la Verdad,
esa es la verdad, nos dicen,
y cantamos a la pre- y pos-verdad, como dualidad que simula un último orgasmo del logos ante lo extirpado...
Y mientras nos excretan por ese agujero en el que nos hemos perdido,
aún nos queda tu legado:
salir de este interludio donde todo acaba...
aprender a componer una nueva canción
por si queda alguna semilla no transgénica del alma
entre la ceniza que se abraza a la mierda
Mi camino ya es a través de las ruinas de los altares donde los egos simularon espinas y clavos sobre cruces de diseño a granel construidas por manos esclavas que murieron para redimir ansias de consumo barato, sabedores de la contraseña en sus manos...

Mi camino ya es a través de las fábulas posmodernas que arden como virutas,

fuegos de fatuidad...

Mi camino ya no ve las ruinas de los palacios que colapsaron por los agujeros excavados de los que querían y no querían huir de sí mismos solazándose en los laberintos de espejos frente a los que se pudrieron buscando el elixir que resolviese la antilogía del reflejo
Tú me enseñaste los cruces de occidente, la batalla infernal frente a ese espejo,
hoy roto,
hoy nada
...
Y es mi deber buscar
al hacer un sendero,
revelar desde el trozo que de mí libre de mí
lo que quede
de un ritmo interno,

del alma...
letra a letra
ahora
cuando ya no queda

nada

a lo que echarle la culpa

nada

por lo que arrepentirse
...

escrito con el poso de los versos de Lorca y Leonard Cohen 


sábado, 31 de diciembre de 2016

OK Google en los retretes del Conservatorio/ por Velpister





Orgulloso de que unas palabras de esta Niebla aparezcan en los retretes del Conservatorio de Vigo. Gracias al maestro Velpister
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Allí donde nace la música del cuerpo... sí, esas cacofonías sinestésicas o donde el ruido marrón se huele y se ve en las notaciones que pautan los pelos del culo o los dedos en el papel al dejar una ristra de semicorcheas que son como guadañas que siegan este año maldito al que le dan dos segundos de agonía
pa seguir jodiendo...

Allí donde las pausas sirven para esa ceremonia de limpieza interna que simbólicamente nos "umbilica" con la madre tierra a la que ofrecemos lo que somos en el único momento en el que somos conscientes del legado que dejamos
perdidos en nuestra espirales...

Allí, quedan unas palabras que buscan ser abono en estos momentos en donde los tiempos finales se van por el retrete y los nuevos (pausa diarreica) llegan...

Feliz 2017
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sábado, 24 de diciembre de 2016

estado de la cuestión 2016

a ver... cómo decirlo...
siempre fui un tipo problemático... no me extraña que la gente sólo sea coherente consigo misma cuando me retiran el saludo y miran hacia otra parte con una dignidad muy fingida... claro... conmigo no funcionan los dimes y diretes y las manipulaciones tan en boga en nuestros días.. yo solito me desacredito, ese es mi juego: mi mierda por delante: así me he evitado caer en las redes de los mediocres... casi todos hoy en día...
será porque crecí jugando en una plaza de abastos... y una vez madrugué para esperar a los camiones llenos de cadáveres frescos... y conseguí que me dejasen entrar en los fríos sótanos para ver caer por la rampa a las reses decapitadas... y escuchar a los seres verdes-negros de mandil de plástico teñido de sangre y manos de garfios, muy afilados, que hablaban muy poco y  juraban demasiado... pero eran directos y claros.
Más tarde enredaba por donde las verduleras en sus puestos y me acercaba a escuchar a sus consortes en el bar de la plaza: todos se dedicaban a lo mismo: a liarla... a sacar los trapos sucios... a acusar al vecino de lo que ellos hacían... a desacreditar... preludio del reino de envidiosos frustrados que nos asolan hoy en día... el gran hermano televisivo nació como una respuesta a la pulsión social de mi generación de verduleros miraombligos frustrados transversalmente.

siempre soy un protestón... un dediculo sin vaselina, fisting veterinario... aunque hoy les pone el tema... el final siempre pasa por el culo...

los comepelotas chupapollas la gran mayoría inteligentes ellos que no sirven ni para menearla pero sí para mentir y adular babosos de mierda por conseguir algo no me la soplan, a distancia, please... por si acaso se acercan a mí no vaya a ser que la líe y necesito una foto con él... 

lo único que me jode del tema es que a mí, orgulloso, me echaron de varias partes literarias por tocar los cojones... simplemente para que no se adocenasen y muriesen de créditos subvencionados... qué puta y solitaria es la literatura que necesita de babas para oxidarse...

lo cojonudo es que lo sigo haciendo... y ya estoy cansado... nadie detrás que toque los cojones con arte... todos salivando buscando réditos, columnas, libros que no dicen nada pues nada importa...

y no... sigo gritando... solitario
pero grito
esperando a una generación
que me diga lo que ya soy
un viejo afónico harto de ver un carrusel de chupapollas vendidos que giran sobre sí mismos
...
es un estado... una cuestión
un orgullo
seguir tocando los bajos
...
se sepa
...
Felices días os deseo
también a todos aquellos que sufren por la abundancia 
rellenos de sí mismos aptos para el sacrificio de lo podrido
deconstruyendo lo que ya no existe
sin reconocer la vuelta dada en el mandala de ojos caídos
globalizados
sin origen
y nunca originales
...
Sed, al menos os deseo que lo intentéis,
felices
...

jueves, 8 de diciembre de 2016

Domingo López/En la casa del padre



Viejo, dejaste el butacón vacío. La tele, que siempre tenías encendida y sin volumen, la debió de apagar alguien, no sé quién, cuando te acarearon en la ambulancia a morir en aquel hospital. Allí, en una habitación con una ventana sin vistas, separada dos metros de una pared leprosa, junto a otro anciano agonizante, te acompañé aunque ya no me veías y me entretuve en cagarme despacito en los muertos de aquellas enfermeras agrias, de aquella doctora pelirroja de escote generoso que en sus visitas de treinta segundos fingía apuntar pronósticos y quinielas y en realidad dibujaría garabatos o monigotes en el informe de seguimiento, de aquella limpiadora mascando chicle, mirandote de reojo mientras pasaba – a este no le queda ni medio telediario – el trapo de mierda, de aquellos celadores puretas, hablando del posible descenso del Cádiz mientras – qué bueno que ese tipo no sea yo – te cubrían la cara con la sabana. En el tanatorio, el imbécil más meritorio dijo que el corazón, cansado de ochenta y nueve años de latidos, se te había parado, hasta los mismísimos cojones seguramente, mientras yo recibía palmadas y estrechaba la mano a tipos que se irían a beber o a comer o a follarse sin ganas a la parienta, vigilando que el cura carroñero no se acercara a menos de cinco metros del ataúd, sin decir una sola palabra, hablando únicamente con la mirada, como siempre hiciste. No soy inocente, pero no me arrepiento de nada y tampoco tengo recuerdos para enmarcar. Y ni una puta lágrima, ni una, viejo. Estarás contento y quizás, por primeras vez, orgulloso. Siento, en todo caso, entre tantos desencuentros y silencios, no habernos tomado nunca juntos unas cervezas, ni haberte dicho a la cara, ya cuando te ibas: gracias, por lo que sea, por todo mismo. Y luego, cenizas  -¿las quiere el caballero en una urna?- me preguntó seriamente un andoba endomingado –  tan inútiles como las de mi cigarrillo. Entro hoy en la casa sin nadie. Los periódicos que te ponían de mala hostia siguen apilados en el rincón. El montón de cajas de medicamentos que te tragabas al tuntún están sobre la mesa. Encuentro uno de mis libros en un cajón. Le quito las pilas al reloj de la cocina. Me siento en tu butacón. Enciendo la tele. Sin volumen. Es mi turno. Todo seguirá igual, viejo, nada ha cambiado.

Domingo López Humanes
Extraído de su blog: Cuaderno de indigencias
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